martes, 16 de septiembre de 2014

LA LEYENDA DE LA FLOR DE CEIBO

Según cuenta la leyenda la flor del ceibo nació cuando Anahí fue condenada a morir en la hoguera, después de un cruento combate entre su tribu y los guaraníes.
Por entre los árboles de la selva nativa corría Anahí. Conocía todos los rincones de la espesura, todos los pájaros que la poblaban, todas las flores. Amaba con pasión aquel suelo silvestre que bañaba las aguas oscuras del río Barroso. Y Anahí cantaba feliz en sus bosques, con una voz dulcísima, en tanto callaban los pájaros para escucharla. Subía al cielo la voz de la indiecita, y el rumor del río que iba a perderse en las islas hasta desembocar en el ancho estuario, la acompañaba.
 Nadie recordaba entonces que Anahí tenía un rostro poco agraciado, ¡tanta era la belleza de su canto!.
 Pero un día resonó en la selva un rumor más violento que el del río, más poderoso que el de las cataratas que allá hacia el norte estremecían el aire. Retumbó en la espesura el ruido de las armas y hombres extraños de piel blanca  remontaron las aguas y se internaron en la selva. La tribu de Anahí se defendió contra los invasores. Ella, junto a los suyos, luchó contra el más bravo.
 Nadie hubiera sospechado tanta fiereza en su cuerpecito moreno, tan pequeño. Vio caer a sus seres queridos y esto le dio fuerzas para seguir luchando, para tratar de impedir que aquellos extranjeros se adueñaran de su selva, de sus pájaros, de su río.
 Un día, en el momento en que Anahí se disponía a volver a su refugio, fue apresada por dos soldados enemigos. Inútiles fueron sus esfuerzos por librarse aunque era ágil.
 La llevaron al campamento y la ataron a un poste, para impedir que huyera. Pero Anahí, con maña natural, rompió sus ligaduras, y valiéndose de la oscuridad de la noche, logró dar muerte al centinela. Después intentó buscar un escondite entre sus árboles amados, pero no pudo llegar muy lejos. Sus enemigos la persiguieron y la pequeña Anahí volvió a caer en sus manos.
 La juzgaron con severidad: Anahí, culpable de haber matado a un soldado, debía morir en la hoguera. Y la sentencia se cumplió. La indiecita fue atada a un árbol de anchas hojas y a sus pies apilaron leña, a la que dieron fuego. las llamas subieron rápidamente envolviendo el tronco del árbol y el frágil cuerpo de Anahí, que pareció también una roja llamarada.
 Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó de pronto a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que entregaba su corazón antes de morir. Su voz dulcísima estremeció a la noche, y la luz del nuevo día pareció responder a su llamada.
Con los primeros rayos del sol, se apagaron las llamas que envolvían Anahí. Entonces, los rudos soldados que la habían sentenciado quedaron mudos y paralizados. El cuerpo moreno de la indiecita se había transformado en un manojo de flores rojas como las llamas que la  envolvieron, hermosas como no había sido nunca la pequeña, maravillosas como su corazón apasionadamente enamorado de su tierra, adornando el árbol que la había sostenido.
 Así nació el ceibo, la rara flor encarnada que ilumina los bosques de la mesopotamia argentina. La flor del ceibo que encarna el alma pura y altiva de una raza que ya no existe.
 Fue declarada Flor Nacional Argentina, por el 2 de diciembre de 1942. Su color rojo escarlata es el símbolo de la fecundidad en este país.
Leyenda argentina

¿Para que armamos este blog?

Este blog  trata de los relatos, las historias, el arte de narrar. 
Philip Jackson (2005) nos dice que en la escuela niños y niñas pasan gran cantidad de tiempo escuchando y leyendo relatos y que es posible pensar que no existe una sola materia escolar en la que los relatos no desempeñen un papel. Los materiales que seleccionamos para trabajar suelen incluir una serie de segmentos narrativos que toman la forma de recuerdos, anécdotas, testimonios, ejemplos, etc. Para Jackson, este estado de cosas no debería sorprendernos, si consideramos el valor de los relatos en nuestra vida: “El hombre es siempre un narrador de historias –nos dice Jean Paul Sartre-; vive rodeado de sus historias y de las ajenas (…) trata de vivir su vida como si la contara” (Sartre, citado por Jackson, 2005: 26).
Ahora bien, y siguiendo el recorrido que propone Jackson en su texto, podemos preguntarnos: ¿Qué producen las historias? ¿Cómo educan los relatos? ¿Cuáles serían los objetivos educativos más profundos que se movilizan cuando leemos y contamos relatos? Desde la perspectiva de este autor, los relatos se relacionan fundamentalmente con “lo que queremos que los estudiantes sean como personas”, es decir, con los valores y actitudes que queremos que sustenten, la visión del mundo y de ellos que esperamos los niños y niñas puedan cultivar, más allá de lo que “lo que queremos que ellos sepan”.
En este sentido, la posibilidad de contar, de narrar, de ordenar una secuencia de contenidos con la estructura de un relato, contribuye a resituar la práctica de enseñanza en una dimensión más humana y cultural. Jackson analiza la función epistemológica y transformadora de los relatos para señalar que lo más importante de los relatos es que hacen algo más que brindar información. Los relatos pueden transformarnos...
Por lo tanto y para ser participes de esta transformación en este blog iremos publicando relatos,noticias, datos curiosos, ya sea escritos o en vídeos  que nos ayuden a elaborar nuestras plantificaciones diaria.
Este grupo está integrado por maestras de primero y segundo ciclo de la EGB en el área de la Lengua y la Literatura.